Ingredientes
- tomates pera, picados
- hojas de albahaca fresca, en juliana
- ½ taza de aceite de oliva virgen extra
- ½ taza de queso parmesano recién rallado
- ¼ taza de crema de leche
- sal al gusto
- pimienta negra recién molida al gusto
Instrucciones
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Paso 1
Empieza haciendo puré los tomates picados y la albahaca con una batidora de mano o un robot de cocina. Con el motor en marcha, vierte lentamente el aceite de oliva hasta formar una emulsión suave. Yo suelo dividir la mezcla en dos tandas para licuar más fácilmente. Sazona con sal y pimienta, teniendo en cuenta que el helado de parmesano ya aporta salinidad. Pásalo a la nevera para que se enfríe. Mientras, calienta suavemente la crema en un cazo pequeño, luego añade el parmesano y bate hasta que se derrita y quede suave. Agrega un golpe de pimienta negra, deja que se enfríe un poco y luego mételo en el congelador. Mientras se endurece, cuela la sopa de tomate fría por un colador fino, presionando para extraer todo el líquido y desechar semillas y pieles. Debe quedar sedosa, no aguada. Para servir, vierte la sopa en cuencos y con una cuchara de postre saca pequeñas quenelles de la mezcla de queso congelada. Coloca una encima de cada cuenco justo antes de servir para un sorprendente contraste de temperaturas.